Nuestro compromiso con la última milla es dar a conocer al cliente final su implicación

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  • Com­pro­miso con la últi­ma mil­la: artícu­lo de opinión de Daniel Latorre pub­li­ca­do en el número 275 de la revista Logís­ti­ca Pro­fe­sion­al

La dis­tribu­ción urbana de mer­cancías se ha con­ver­tido en un ser­vi­cio bási­co para la sociedad. La pan­demia y con­fi­namien­to provo­ca­dos por el COVID-19 hizo más noto­ria la necesi­dad de la logís­ti­ca urbana. Diver­sos estu­dios indi­can que las com­pras online con­tinúan incre­men­tan­do respec­to a la situación pre-pan­demia, espe­cial­mente las que requieren de una entre­ga físi­ca. Aunque sin duda la situación geo-políti­ca y social en la que vivi­mos podría ten­er un impacto direc­to afectan­do al con­sumo en gen­er­al y a dicho canal.

Esta situación sin prece­dentes gen­era grandes difi­cul­tades para proyec­tar pre­vi­siones de cara a este año por no dispon­er de un históri­co com­pa­ra­ble. Esto causa claros efec­tos en el fore­cast­ing de las empre­sas que oper­an en la últi­ma mil­la y que requieren de una preparación pre­via en cuan­to a recur­sos para cubrir los picos de deman­da habit­uales en la últi­ma parte del año, cru­cial para la cuen­ta de resul­ta­dos.

Las empre­sas de dis­tribu­ción urbana se han adap­ta­do a las exi­gen­cias estable­ci­das por los usuar­ios de ecom­merce. Exi­gen­cias cada vez más difí­ciles de cumplir sobre todo en lo rel­a­ti­vo al tiem­po medio de entre­ga. Hoy en día está en auge el lla­ma­do Q‑commerce. Se tra­ta de una vari­ante o ten­den­cia en la que, a difer­en­cia del ecom­merce tradi­cional, los pedi­dos son entre­ga­dos en el mis­mo día, con tiem­pos cada vez más cor­tos que derivan en una ten­sión may­or de la cade­na. Esto nos lle­va muy lejos de ten­er un com­pro­miso con la últi­ma mil­la sostenible.

El transporte nunca será gratuito: parte del compromiso con la última milla ha de venir del cliente final

Este mod­e­lo de entre­ga ultra ráp­i­da es cada vez más vis­i­ble en el cen­tro de las ciu­dades. Esto hace pro­lif­er­ar nuevos play­ers, infraestruc­turas y vehícu­los para dar respues­ta a esta ten­den­cia. Para el cliente final puede supon­er un ali­ciente pero, a ras­gos gen­erales sin ten­er en cuen­ta la com­pra online de comi­da prepara­da (food deliv­ery) ¿de ver­dad es tan urgente ten­er el pedi­do en tu casa a las pocas horas de haber­lo com­pra­do? La sociedad se está acos­tum­bran­do a com­prar y recibir sus pedi­dos online en un mar­gen de tiem­po cada vez menor. Lo que antes tard­a­ba 3 o 4 días aho­ra es impens­able que supere los 2 días de entre­ga. Pero lo que el con­sum­i­dor no tiene en cuen­ta es el coste medioam­bi­en­tal que deri­va de dichas pref­er­en­cias. Debido a esa “urgen­cia” injus­ti­fi­ca­da de ten­er el pedi­do en las manos lo antes posi­ble, los vehícu­los de repar­to lle­van menos paque­tes que los que dis­tribuirían en rutas opti­mizadas. Esto aumen­ta el vol­u­men de rutas, de vehícu­los de repar­to y, en defin­i­ti­va, de con­t­a­m­i­nación en las mis­mas. 

El trans­porte nun­ca será gra­tu­ito pese a lo que aparez­ca en la pan­talla final antes de dar­le click a com­prar. Que dicho coste no reper­cu­ta direc­ta­mente sobre el con­sum­i­dor final no quiere decir que no exista. Otra parte de la ecuación de com­pra ten­drá que asumir­lo y, al igual que hay un coste económi­co del trans­porte, tam­bién lo hay medioam­bi­en­tal y social. Es parte del com­pro­miso con la últi­ma mil­la que todos debe­mos de acep­tar.

Sostenibilidad en la distribución urbana

La con­t­a­m­i­nación deriva­da de la últi­ma mil­la está pre­sente en las ciu­dades, si bien cada vez es menor gra­cias a los esfuer­zos que las empre­sas de repar­to urbano invierten en mejo­rar su flota con vehícu­los más sostenibles. El prob­le­ma es que no hay una ofer­ta de  vehícu­los de repar­to sufi­ciente para todos los canales. Tam­poco una red de car­ga de vehícu­los eléc­tri­cos disponible y, sobre todo, estos vehícu­los no están al alcance económi­co de todos los actores par­tic­i­pantes en la dis­tribu­ción. El autónomo es la figu­ra pre­dom­i­nante en el sec­tor y el eslabón más débil en este aspec­to.

De nada sirve ten­er una flota de vehícu­los eléc­tri­cos si no hay pun­tos de recar­ga disponibles al igual que hay gaso­lin­eras para vehícu­los diésel. Es vital una armo­nización que per­mi­ta a las empre­sas de últi­ma mil­la man­ten­er una flota de vehícu­los eléc­tri­cos tan­to en el plano económi­co como en el prác­ti­co. 

Tam­poco podemos olvi­dar el prob­le­ma de la ocu­pación del espa­cio públi­co. Las admin­is­tra­ciones públi­cas están plante­an­do acciones reg­u­la­to­rias para lim­i­tar su uso por las empre­sas que desar­rol­lan entre­gas en el cen­tro de la ciu­dad. Es nece­sario el desar­rol­lo de espa­cios logís­ti­cos cer­canos o den­tro de la ciu­dad, cen­tros de con­sol­i­dación que,  a difer­en­cia de los cen­tros de dis­tribu­ción en las afueras de las ciu­dades, per­mi­tan agru­par pro­duc­tos de diver­sos provee­dores y dis­tribuir a nego­cios, dark stores, pick­up-points o direc­ta­mente al con­sum­i­dor final. 

La logís­ti­ca urbana se enfrenta a muchos desafíos, las empre­sas de últi­ma mil­la seguire­mos adap­tán­donos a los cam­bios tenien­do además en cuen­ta un aspec­to tan impor­tante como la sosteni­bil­i­dad de nues­tra activi­dad.

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